jueves, 12 de septiembre de 2013

LA RENDICION DE LOS FILIBUSTEROS DE WALKER.



A comienzos de 1857 la guerra se trasladó al sur. Rivas y sus pueblos cercanos como San Jorge, La Virgen y San Juan del Sur, que eran claves para el filibusterismo, se transformaron en escenario de escaramuzas entre los ejércitos aliados y los filibusteros de William Walker.

Atrás quedaban Granada quemada y Masaya ensangrentada, en manos ya de los aliados.

También había control de la ruta del río San Juan. El ejército costarricense, que combatía a los gringos filibusteros, estaban posicionados en la ruta del río y sus fuertes en San Carlos y El Castillo.
El mes anterior, diciembre había sido clave para la guerra contra Walker. Los costarricenses se apoderaron de todos los vapores de la Compañía de Tránsito.

Había entrado a financiar la guerra antifilibustera el comodoro Cornelius Vanderbilt, a quien Walker había despojado de sus derechos en la Compañía de Tránsito. Vanderbilt, decidido a echar a Walker y su gente, había buscado a un diestro marino de apellido Spencer y lo puso a las órdenes de Juan Rafael Mora, el gobernante tico.

“Despojar a Walker de los vapores era una empresa que se consideraba de titanes. La realización de ese hecho en tan pocos días levantó el espíritu de los centroamericanos”, escribió José Dolores Gámez, en su libro Historia de Nicaragua.

ESPERABA REFUERZOS


Pero Walker, que seguía atrincherado en Rivas, a comienzos de 1857, confiaba en que llegarían refuerzos desde Estados Unidos a San Juan del Norte, y que lograría poner la balanza a su favor.

Los primeros tres meses fueron violentos en la zona de Rivas. Se registraron numerosos combates que iban debilitando al bando filibustero.

En marzo se supo que recibiría refuerzos y de inmediato los ejércitos aliados (Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, Honduras y El Salvador) enviaron al general Fernando Chamorro con 600 hombres. Chamorro y sus hombres se situaron en la hacienda El Jocote, entre Rivas y San Juan del Sur, y allí esperaron a los 80 hombres que iban a reforzar a los filibusteros. Pronto se abrió fuego. No demoraron mucho en ser abatidos y perseguidos.

También había deserciones continuas. La inyección económica de Vanderbilt se tradujo, en parte, en financiar la repatriación de filibusteros. Los ticos regaban entre las filas invasoras la noticia de que recibirían dinero y pasaje para regresar a su país. Esa estrategia funcionó y ayudó a desgranar las tropas de Walker.

En el campamento de los aliados centroamericanos siempre estaban al borde de nuevas divisiones, según describe Gámez en el capítulo dedicado al final de la guerra.

En esos meses aciagos, había anclado en San Juan del Sur la fragata de guerra estadounidense Saint Mary, al mando del capitán Charles Davis, quien ayudaría a la “capitulación honrosa” de Walker y sus filibusteros, que aceptaron largarse de Nicaragua el primero de mayo de 1857.

El 11 de abril se había producido la última batalla de Rivas, entre los ejércitos aliados, unos 3,000 hombres y las fuerzas filibusteras. No obstante, distintos apuntes sostienen que las tropas aliadas fueron derrotadas en esa última contienda. Que sus bajas humanas fueron grandes y que las de los filibusteros “insignificantes”.

Eso permitió al filibustero irse con “honores”.

Walker no firmó su rendición ante ningún general de los ejércitos aliados, sino ante el capitán Davis. Algunos generales como Tomás Martínez y Pedro Chamorro habrían querido el “pirata”, como también lo consideraban, se hubiera comprometido a no volver a “hostilizar” ningún estado de la región, sin embargo, el general tico José Joaquín Mora habría expresado su aprobación a los términos del compromiso entre Walker y Davis, con tal de ponerle fin al conflicto lo más pronto posible.

Al final de la guerra “tenía más orgullo el vencido que el vencedor”, escribe Gámez. Tampoco se comprometió a no organizar más expediciones en Centroamérica.

Aparte 500 de sus hombres recibieron 30,000 pesos para abandonar la ciudad de Rivas destruida por la contienda.

Años después, en su libro La Guerra de Nicaragua, Walker lamentaría la tardanza de refuerzos y armas:

“Los Estados del Sur convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centroamérica, enviando a San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelentes armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los americanos en Nicaragua se habría asegurado sin peligro”.

Pero el día de su capitulación en Rivas, las palabras del filibustero, que volvería a Centroamérica en otra expedición y moriría, sus palabras fueron de recriminación.

“Reducidos a nuestra situación actual por la cobardía de algunos, la incapacidad de otros y la traición de muchos, el ejército no obstante ha escrito una página de historia americana que es imposible olvidar ni borrar. Del futuro, si no del presente esperamos un juicio justo”, dijo Walker con su voz aguda y se largó maldiciendo este país.

Zarpó de Rivas con filibusteros enfermos, medio desnudos y descalzos. Se fue a su país vía Costa Rica y Panamá.

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